Puede verse que no tuvimos mucho éxito y que con un poco de suerte Erkin habría podido morir
Vivir en Cracovia sin una vil llave inglesa me mata un poco. La ola de frío llegó hace dos días a Polonia y las calles están llenas de hielo. Mi repisa de la ventana está llena de nieve y no tenía calefacción en mi habitación hasta ayer. Sabía que mi radiador estaba lleno de gas, pero no tenía nada con qué sacarlo.
El sabado ví que la situación era insostenible. No sólo dormía con dos mangas, el nórdico, un challll en el cuello (intentad decir chal sin alargar la L, es imposible) y la capucha de la segunda manga puesta, sino que las sábanas estaban tan frías que parecían estar húmedas. No quería molestar a la casera en domingo, así que me esperé hasta el lunes para hablar con ella. Ewa vino a casa, comprobó que mi radiador estaba más frío que Lenin en estos precisos instantes y llamó a un señor polaco que dijo que vendría esta tarde.
El lunes por la tarde vino el hombrecillo polaco. Sabía que lo que tenía que hacer era simple, pero por dios, ten un poco de decoro y lleva encima al menos una caja de herramientas. No se, al menos los limpiachimeneas llevan unos mostrencos de hierro amenazantes que te obligan a dejarles pasar aunque no tengas chimenea (testimonio real, nos ha pasado dos veces). El señor ha visto mi radiador y me ha pedido una lámpara para ver mejor. Ewa ha corrido rauda a coger la lámpara de forja que me hizo (sí, mi casera tiene 75 años y fabrica muebles de forja) y se ha dado cuenta de que no hay ningún cable ni bombilla. La lámpara es muy bonita, pero lleva 2 meses sin darme el mecanismo crucial. Ewa, sorprendidísima, me dice que hace bastante tiempo vino a casa y dejó a alguien los aparatos del interior de la lámpara para mí. Me dice que se lo dejó al chico, y yo supongo que se lo daría a Kevin (que no tiene ni idea de que mi lámpara era simbólica) y que él lo dejaría por ahí tirado preguntándose para qué narices serviría aquello. Yo pongo cara de póker y ella se va al hueco del calentador, que es donde ponemos todos los trastos que sobran (trozos de madera que sobran, trozos de alfombra que sobran... sinceramente, ¿para qué quiero dos metros del borde de una alfombra gris?). Y en efecto, viene con el mecanismo de la lámpara. Yo me quedo muerta.
El hombrecillo va dando vueltas por la casa, comprobando que todos los radiadores funcionan. Llama a la puerta de Lluís con cuidado. Cosa absolutamente absurda porque la puerta estaba abierta, la luz apagada y era más que obvio que no estaba en casa. Entra y comprueba su radiador, y funciona. Repite el mismo ritual con la habitación de Kevin. Le digo que Kevin tampoco está, pero el vuelve a llamar y a entrar con cuidado. Giusy se me queda mirando y me dice que ésto nos va a llevar años. Le vuelvo a repetir a Ewa que los únicos radiadores que no funcionan son el mío y el de Giusy. Ewa levanta los hombros y pone cara de ¿y qué quieres que haga yo, si este hombre está loco?.
El hombre empieza a trastear con el calentador. Mientras, yo le enseñaba a Giusy las medias de lana que me había comprado para no morir congelada. Era todo bastante inverosímil. Ella tocando las medias para comprobar que son buenas, diciéndome que las que ella se había comprado eran de cashmere (muy inteligente por su parte, todo sea dicho) y que si le acompañaba a buscar unas como las mías. El hombre seguía comprobando el contador del gas, el calentador y los radiadores.
El problema se solucionó cuando configuró el calentador para calentar el agua a casi ochenta grados. De repente el agua empezó a fluir por mi radiador. Eso sí, vamos a morir, porque si ya saliendo antes el agua a 50º por la ducha te pegabas unos quemazos importantes, ahora no lo quiero ni imaginar. La potencia de la calefacción polaca me explica muchas cosas.
Y eso es todo. Ahora mismo la temperatura es de -9º y, por lo que veo, va a estar nevando hasta el viernes.
El mercado de la Navidad, cualquier parecido con el de Nuevo Centro es pura coincidencia
Pintoresco, eh?
Con cara de "todavía no se qué hago aquí"
El sabado ví que la situación era insostenible. No sólo dormía con dos mangas, el nórdico, un challll en el cuello (intentad decir chal sin alargar la L, es imposible) y la capucha de la segunda manga puesta, sino que las sábanas estaban tan frías que parecían estar húmedas. No quería molestar a la casera en domingo, así que me esperé hasta el lunes para hablar con ella. Ewa vino a casa, comprobó que mi radiador estaba más frío que Lenin en estos precisos instantes y llamó a un señor polaco que dijo que vendría esta tarde.
El lunes por la tarde vino el hombrecillo polaco. Sabía que lo que tenía que hacer era simple, pero por dios, ten un poco de decoro y lleva encima al menos una caja de herramientas. No se, al menos los limpiachimeneas llevan unos mostrencos de hierro amenazantes que te obligan a dejarles pasar aunque no tengas chimenea (testimonio real, nos ha pasado dos veces). El señor ha visto mi radiador y me ha pedido una lámpara para ver mejor. Ewa ha corrido rauda a coger la lámpara de forja que me hizo (sí, mi casera tiene 75 años y fabrica muebles de forja) y se ha dado cuenta de que no hay ningún cable ni bombilla. La lámpara es muy bonita, pero lleva 2 meses sin darme el mecanismo crucial. Ewa, sorprendidísima, me dice que hace bastante tiempo vino a casa y dejó a alguien los aparatos del interior de la lámpara para mí. Me dice que se lo dejó al chico, y yo supongo que se lo daría a Kevin (que no tiene ni idea de que mi lámpara era simbólica) y que él lo dejaría por ahí tirado preguntándose para qué narices serviría aquello. Yo pongo cara de póker y ella se va al hueco del calentador, que es donde ponemos todos los trastos que sobran (trozos de madera que sobran, trozos de alfombra que sobran... sinceramente, ¿para qué quiero dos metros del borde de una alfombra gris?). Y en efecto, viene con el mecanismo de la lámpara. Yo me quedo muerta.
El hombrecillo va dando vueltas por la casa, comprobando que todos los radiadores funcionan. Llama a la puerta de Lluís con cuidado. Cosa absolutamente absurda porque la puerta estaba abierta, la luz apagada y era más que obvio que no estaba en casa. Entra y comprueba su radiador, y funciona. Repite el mismo ritual con la habitación de Kevin. Le digo que Kevin tampoco está, pero el vuelve a llamar y a entrar con cuidado. Giusy se me queda mirando y me dice que ésto nos va a llevar años. Le vuelvo a repetir a Ewa que los únicos radiadores que no funcionan son el mío y el de Giusy. Ewa levanta los hombros y pone cara de ¿y qué quieres que haga yo, si este hombre está loco?.
El hombre empieza a trastear con el calentador. Mientras, yo le enseñaba a Giusy las medias de lana que me había comprado para no morir congelada. Era todo bastante inverosímil. Ella tocando las medias para comprobar que son buenas, diciéndome que las que ella se había comprado eran de cashmere (muy inteligente por su parte, todo sea dicho) y que si le acompañaba a buscar unas como las mías. El hombre seguía comprobando el contador del gas, el calentador y los radiadores.
El problema se solucionó cuando configuró el calentador para calentar el agua a casi ochenta grados. De repente el agua empezó a fluir por mi radiador. Eso sí, vamos a morir, porque si ya saliendo antes el agua a 50º por la ducha te pegabas unos quemazos importantes, ahora no lo quiero ni imaginar. La potencia de la calefacción polaca me explica muchas cosas.
Y eso es todo. Ahora mismo la temperatura es de -9º y, por lo que veo, va a estar nevando hasta el viernes.
Y eso ha sido todo. Este fín de semana me voy a Łódź a ver a mi querida Natalia y haré una entrada con las maravillas de esa ciudad cuyo nombre no se puede escribir y se tiene que copiar y pegar :)
Me encanta tu foto de "Aleix wondering why the fuck..." es el documento gráfico que necesitabas para ilustrar tu conversación con Marco del otro día jajajaja
ResponderEliminarMemorable el vídeo, memorable el momento!
Y... Joder... Qué frío debes estar pasando =(