El dragón del castillo
No se si sabéis que el nombre original de Cracovia es Kraków, que literalmente significa "la ciudad de Krak". Bajo el castillo de Wawel hay una gruta, donde vivía Krak. El tal Krak era un dragón que se comía a las vírgenes de la ciudad a cambio de no atacar a la gente, incendiar las cosechas y demás cosas propias de un dragón. El caso es que el dragón no escogió un buen país para vivir, dado que las vírgenes en esta ciudad se acabaron llegados a un cierto punto. Me encanta esta parte, porque cuando te cuentan la historia no te dicen que los polacos se hartaron de vivir sometidos a un dragón y de ver como se comía a sus hijas. No. Te dicen que las vírgenes se acabaron. Sin más. Las mujeres polacas, ya se sabe, etc.
Los ciudadanos intentaron matar al dragón de diversas formas. Y he aquí que un jovenzuelo dio con la clave para matar al dragón. El joven aprendiz de carnicero se acercó a la gruta y dejó enfrente un trozo de carne de un tamaño considerable con una ingente cantidad de especias dentro. A los polacos les encantan las especias (el 50% de la comida aquí pica). El dragón salió de la cueva, vio el trozo de carne y se lo zampó. No se paró a sospechar si era una trampa. Una cosa absolutamente normal, oigan: la gente que te ha estado intentando matar te regala un trozo de carne gigante y piensas "oye, qué considerados, les corresponderé con un Cabernet Sauvignon y unas flores". En definitiva, el dragón empezó a notar que el estómago le ardía y salió corriendo de su gruta hacia el río Vístula, que està a unos 100 metros de la cueva. Bebió y bebió hasta que su garganta se mojó tanto que no pudo escupir fuego nunca más [inserte aquí la canción Se le apagó la luz de Alejandro Sanz] y, para más inri, seguía teniendo sed. El dragón murió ahogado en las aguas del Vístula.
A día de hoy hay una estatua enfrente de la gruta. Es un dragón de hierro que tira fuego por la boca cada cinco minutos, llueva, nieve o haga un viento endemoniado. Muchos de los souvenirs de la ciudad son dragones de peluche o efigies de dragón. Más feas que pegarle a un padre.
El trompetista de Rynek
Cada media hora, un trompetista se asoma a uno de los dos campanarios de la iglesia que hay en el centro de la ciudad y toca la misma pieza. Día tras día, hora tras hora. Los turistas aplauden encantados y el trompetista saluda a la multitud (digo multitud porque es una multitud, en esta ciudad los turistas no se acaban NUNCA... sospecho que cuando venga el invierno crudo tendrán que contar a los supervivientes al final de cada tour guiado).
La pieza musical se toca en homenaje al cuerpo de bomberos que vigilaba la ciudad cuando los mongoles asediaron la ciudad. La señal de alarma en caso de incendio era esa misma pieza musical tocada por un bombero que subía a la torre y avisaba así a los habitantes para que salieran a las afueras de la ciudad (la ciudad en aquella época no era tan grande... bueno, Cracovia nunca ha sido TAN grande). El caso es que el trompetista que estaba haciendo guardia la noche del asedio vio a los mongoles asentados en el exterior de la ciudad y dió la señal de alarma para que todos pusieran pies en polvorosa. Porque ya sabemos como se las gastan los mongoles. La ciudad se puso en alerta y empezó a vaciarse. Los mongoles se dieron cuenta e hicieron una especie de ataque completamente improvisado a la ciudad. Uno de los arqueros mongoles lanzó una flecha contra la torre y atravesó la garganta del pobre trompetista. Y esa es la razón por la cual la trompeta deja la canción inacabada y se silencia bruscamente todavía a día de hoy.
El cañón de la Jagiellonski
No es una leyenda en el sentido estricto, pero me parece una bonita demostración de cómo el apacible carácter de los polacos cambia cuando se les tocan los cataplines. Son los mismos que vieron hondanadas de panzers invadiendo sus ciudades y que mandaron a la caballería a combatirlos. En resumen, eso no ha sido siempre así. Cierto día, los dirigentes de esta maravillosa ciudad decidieron subir las tasas de matrícula de la universidad en la que yo estoy ahora (Jagiellonski). Los estudiantes, razonablemente enfadados, se fueron al arsenal de la ciudad y robaron un cañón. Esta gente tuvo a bien bombardear la sede del gobierno de la ciudad y no dejar de hacerlo hasta que bajaran el precio de las tasas. Así, sin más.
El cañón permanece en el claustro del Collegium Maius, a modo de recuerdo.
La cabeza de Eros
Esto tampoco es una leyenda, aunque la encuentro un tanto inverosímil. En Rynek hay una esculura futurista que desentona con lo que es el centro histórico. Lo cierto es que es tan fea que desentonaría hasta con un exprimidor de naranjas, creo yo. La escultura en cuestión es de un artista nacido en Cracovia que nunca obtuvo reconocimiento en su propio país. La gente dice que porque durante la ocupación nazi obviamente no era el momento para reconocer a ningún artista. Yo creo que es porque hace las peores esculturas de la historia. En definitiva, el escultor volvió a Polonia cuando el comunismo (o creo que después, pero para el caso no importa) y el ayuntamiento de Cracovia creyó conveniente encargarle una obra para ponerla en su ciudad natal. Al buen señor se le subieron los humos y dijo que, a no ser que la escultura estuviera en el mismo centro de la ciudad, él no se metía en el taller para hacer nada. Yo hubiera dejado las negociaciones ahí, pero por lo visto el alcalde tenía el mismo horrendo gusto que el escultor.
La cuestión es que ahora mismo hay una cabeza gigante, cortada y ladeada, sin ojos, en el centro de la ciudad. Eros bendato, la llamó el artista. Pues bien, los habitantes de esta ciudad ODIAN esa escultura. Y con razón.
No puede ser más fea.
Los únicos que la adoran son los turistas. Se meten dentro y sacan la cabeza por los ojos. Hacen como que la están sonando. Incluso las parejas de novios se hacen fotos con ella. He visto mujeres vestidas de novia meterse dentro para sacarse una foto, ella a través de un ojo y el novio a través del otro. Por otra parte, los polacos le hacen DE TODO. He visto a gente meando dentro de la estatua sólo por darse el gusto de mear en público delante de una comisaría de policía. Hace unos años un grupo de estudiantes robó la estatua y la tiró al río. Dicen que la tiraron de pié y que, por la noche, se podía ver una cabeza flotando bajando con la corriente.
No tengo más historias de la ciudad que contaros, al menos de momento. Este finde me voy a Varsovia, así que ya sabéis el tema del próximo post!
