Cogí el tren a las 10 y media el viernes, y 5 horas después había recorrido la mitad de Polonia (no, pero queda muy bonito). En el andén me esperaba Natalia, super preocupada por si no me reconocía. Luego su madre reconoció que estaba bastante sorprendida de que me hubiera reconocido dado que sólo se me veían los ojos.
Subimos al coche y, como teníamos tiempo antes de cenar, Natalia me llevó a la
White Factory. Se trata de una fábrica (comentario obvio del día). Tengo que decir que la mayoría de las cosas turísticas en Lodz son fábricas porque durante el periodo anterior a la guerra su crecimiento industrial fue brutal. Se la considera la Manchester de Polonia. Además, no son fábricas pequeñas precisamente. Ésta, en particular, ha sido rediseñada como museo. Claro, la fábrica es tan grande que el museo no es sólo de una cosa. Las exposiciones que tenía eran:
- Fabricación de textiles en Lodz durante el siglo XX.
- Una exhibición temporal de iconos religiosos rusos.
- La moda en Polonia a través del siglo XX.
- El cuadro de la batalla de Grunwald de Jan Matejko hecho en tapiz y, lo que es más sorprendente, A TAMAÑO REAL (otra exposición itinerante).
- Una exposición fotográfica sobre la resistencia polaca frente a los rusos.
- Los proyectos finales de los estudiantes de bellas artes de Lodz, todos relacionados con los tapices.
Como pueden ver ustedes, todo muy ecléctico.
La batalla de Grunwald... como pueden ver, no es moco de pavoDe allí fuimos a Konstantynów, que es donde vive Natalia. Está como a 20 kilómetros de Lodz, pero con el coche se hacen enseguida. Allí nos recibieron sus padres, que fueron amabilísimos durante toda mi estancia y que estaban muy orgullosos de tener a una extranjera visitando su ciudad. La madre de Natalia me cebó: trozos de carne, ensalada de patata, ensalada normal, mandarinas como si se acabara el mundo, chocolate tradicional de navidad, té non-stop toda la cena y vodka "porque la niña debe tener mucho frío". Lo cierto es que después de 5 horas de tren yo tenía más hambre que Gandhi en su época de plenitud, y comí hasta casi reventar.
Cuando acabamos la cena estuvimos un rato hablando con sus padres, contándoles cosas de España y ellos viendo un libro con mapas y fotos para ver cómo es exactamente el lugar donde vivo. Había fotos de Manises, no te digo ná y te lo digo tó (pero no salía el Berni con el Golf haciendo low-riding). Cuando llegó su hermano Grczeczek (no se si se escribe así, ¿cómo saberlo?) nos fuimos a Lodz de nuevo a ver el mejor bar de la historia: el
Lodz Kalinska.
La barra de Lodz Kalinska
El bar está decorado con originales del grupo artístico, pero con los más explícitos. Cuando haga un post sobre arte lo veréis mejor, pero en resumen son cuatro señores viejos que hacen cosas como ésta:
Sí, visto así no parece muy genial, PERO LO ES!
Y el bar en sí está lleno de artistas y de extranjeros, y de vez en cuando te puedes encontrar a uno de los señores del grupo artístico.
El día siguiente fue el día de la muerte. La primera parada fue la
fábrica Herbst. Fue una de los principales motores de Polonia antes de la guerra (tiene el nombre más judío de la historia, supondréis que el hombre no se quedó aquí a esperar a Hitler). La fábrica es tan grande que dentro han construído lofts, pero son como cariiiisimos.
La fábrica es tres veces ésto. Ésta parte es la que todavía no está convertida en viviendas.
Justo al lado de la fábrica está el
palacio Herbst, una maldita joya del estilo secesja sztuka (art nouveau polaco para profanos). En Lodz era normal que los dueños de las fábricas vivieran justo al lado de su lugar de trabajo en un palacio. Se podría decir que es el Marqués de Dosaguas aplicado a Lodz, pero en grande. Se puede visitar por dentro y también alberga exposiciones temporales de arte. La que yo ví en particular era una exposición dedicada a las mujeres.
Igualico que mi salón.Tras visitar el museo nos pegamos una caminata desde allí hasta la
calle Piotrkowska, que es la calle principal de Lodz. Comimos un dürüm döner en un lugar llamado Istanbul, con una pintura gigante de la mezquita azul en la pared, por los viejos tiempos. Como suele pasar cada vez que pides algo en turco en un restaurante de éste tipo en Polonia, el dueño nos invitó a çay.
La calle Piotrkowska es una especie de paseo de las celebridades del cine polaco. La escuela de cine de Lodz tiene cierto prestigio (Roman Polanski es su alumno más famoso) y hay estrellas por el suelo con los nombres de directores famosos como Krzysztof Kieslowski (el de
Tres Colores: Azul, Blanco, Rojo) y el propio Polanski. También tiene esculturas a nivel de calle como la de Artur Rubinstein tocando el piano o Julian Tuwim escribiendo poemas.
Con el señor Rubinstein, que no parecía alegrarse mucho de verme.Seguimos caminando hasta llegar al
palacio de Izrael Poznanski, ahora teatro y sala de conciertos. Poznanski también vivía al lado de su fábrica, ahora convertida en un centro comercial un tanto inmenso llamado Manufaktura. Esa fábrica ahora se ha convertido en el centro de Lodz, dado que están poniendo allí todas las cosas interesantes. Pero lo que más me gustó de Manufaktura fue, sin duda, el MS^2.
Manufaktura, con su árbol de Navidad azul.El
Muzeum Sztuki al cuadrado es un museo de arte contemporáneo que me sorprendió porque no esperaba encontrar Magrittes, Klees y demás en una ciudad como Lodz. También tenían el primer cuadro de Roman Opalka, que es un señor que empezó un cuadro poníendo el número uno y lleva como cinco cuadros con tan sólo números hasta el infinito. Habia un Marcusi, un Ernst y un Chagall (oh Chagall). Tengo que hacer un post sobre arte, joder.
Natalia y yo reflejadas en el primer Opalka. Ya sabéis que es ver cosas de éstas y volverme loca.Los señores del museo estaban bastante emocionados conmigo y me regalaron un poster y la guía para la exposición de las post-imágenes de la vida y los derechos del arte. Creo que es porque era la primera persona extranjera en visitar el museo (lleva 2 meses abierto). En definitiva, que tengo un poster gigante en polaco para poner en mi futura casa y quedar como una persona guay y cosmopolita.
Tras la visita del museo nos quedamos esperando a Grczeczek (sigo sin saber cómo se escribe) en una chocolatería. Cosa que agradecí bastante, porque estábamos a -15º y llevábamos todo el día andando. Fuimos a casa de Grczeczek a tomar un té y visitamos a sus abuelos también (¿?¿?). Luego volvimos a casa en el coche y allí los padres de Natalia siguieron con su rutina de comida a tope y vodka también. Vi por las noticias que había huelga de controladores aéreos y me acordé de que Marina y Javi estaban en Estambul en esos precisos momentos (un beso a los dos!).
Nos fuimos a dormir pronto porque estábamos cansadas como nunca y porque al día siguiente había que levantarse temprano para ir al lago a jugar a hockey. Creo que no he estado más emocionada en mi vida. Esa mañana fuimos al lago con todos los aparatos para jugar a hockey del padre de Natalia y con un trineo que lo menos debía tener 100 años.
Natalia y yo subidas al trineo colina abajo, bajo la atenta mirada de su padre tras propinarnos un señor empujón.
Como podéis ver el resultado no fue precisamente espectacular y salimos volando ambas.
El campo de hockey enmedio del lago.Y no quería dejaros sin mostraros lo último que ví en Lodz antes de subir al tren...
Y ya creo que nos vemos en Navidad, que hay mucho curro que hacer y muchas cosas que estudiar :(